domingo, 26 de abril de 2015

Ana Emilia Lahitte, "El pulso arduo de la belleza herida"



El secreto

Esta carne de amor que por mi culpa
habrá de transformarse en culpa nueva,
esta irremediable sombra tierna
que habrá de madurar en desconsuelo,
es todavía mía porque tiembla
y yo tiemblo por ella. Río y tiemblo,
mientras la muerte teje sus urdimbres
de sabia soledad.

Ah, cómo necesito conocerla
mirarla sin recelo, invitarla
a tenderse a mi lado y reemplazarme
en la vigilia maternal. Querría
ponerlo entre sus brazos, obligarla
a besarles los párpados dorados,
a amantar su sueño hasta que el alba
lo invadiese poco, mansamente.

Si él ya tiene su muerte, si ha traído
bajo la piel su estrella, su constancia,
¿por qué no frecuentar a quien lo habita
con más amor que tantos que en el mundo
habrán de abandonarlo?... Esta muerte
serena de mi hijo, será quien me releve
en la tarea delicada y terrible
de salvarlo de sí mismo, tal vez.

Cuanto ahora prepara su aleluya
es pulpa inevitable, destinada
a madurar el sol y disgregarlo
en surcos enterrados, poderosos.
Yo misma soy su muerte. Yo, que he dado
voluntad a su risa y a su llanto.
Yo, que invento sus rondas y no puedo,
sin embargo, jugar con su secreto.

(Madero y transparencia, 1962)




Por favor,
quédate ahí.
Si te mueves puede regresar
el mundo


(de Insurrecciones, 2003)






Ignoro si el amor es amante o amado.

                                      Sólo sé que le adeudo bellísimos infiernos.





    las heridas son el mejor manuscrito.






Él, no tuvo noción del inmenso dolor que ampararía.

                                      Él, no supo jamás que se llamaba Dios.





Serán los niños quienes ajusticien

                                       los niños del espanto nuestra posteridad.





Cuando el ser reconoce la ardua travesía de no pertenecerse

                                         comienza el más allá.




Ana Emilia Lahitte


Ana Emilia Lahitte (1921-1993). Poeta argentina, dramaturga, ensayista. Creó y dirigió por más de 20 años uno de los primeros talleres de poesía de la Argentina. Su obra fue recogida en numerosas antologías y traducida al inglés, francés, alemán, italiano y portugués. Aún, se le deben estudios profundos a su magnífica obra.
Deslumbran esos versos cortos, que lejos de limitar los poemas los abre a un espacio nuevo que reconocemos en lo más profundo de nuestra alma, acaso en donde somos más vulnerables, allí, en "El pulso arduo de la belleza herida" como ella, mejor que nadie, nombró a sus libros  "Los abismos" y "Los dioses oscuros" publicados en 1978 y 1989, respectivamente.

En un reportaje que le hizo Pablo Montanaro, a un año de la publicación de "Insurrecciones", señaló  "es algo así como un S.O.S. hacia adentro”, libro por el cual fue distinguida por Honorarte con “La Página de Oro”, máxima distinción de la institución a un escritor por su trayectoria literaria y aporte a la Cultura y se le entregó el premio “Letras de Oro”.

Los poemas de Ana Emilia Lahitte son estocadas diamantinas a nuestra egoica sombra, hebras de luz que fulguran en la intemperie de nuestra humanidad.

Algunos de sus libros: Sueño sin eco (1947), El muro de cristal (1952), La noche y otros poemas (1959), Madero y transparencia (1962), Al sur de marzo (1969), Los abismos (1979), Los dioses oscuros (1980), El tiempo, ese desierto demasiado extendido (1993), Summa de poemas, 1947-1997 (antología, 2001), Insurrecciones (2000), El padre muere (2006) y Gironsiglos (2006).

Algunos de sus premios : Pluma de Plata del PEN Club Internacional, Centro Argentino (1980), Pluma de Oro de la Fundación Argentina para la Poesía (1982 y 2001), Primer Premio Nacional de Poesía, Región Buenos Aires (1983), Premio Konex (1994), Premio de Poesía “Esteban Etcheverría”, de Gente de Letras (1999). En 2001, la Municipalidad de La Plata la designó Ciudadana Ilustre. 


La foto pertenece a su libro:" SUMMA" de poemas 1947- 1997,  con prólogo de Horacio Castillo.
Edición Homenaje,  Municipalidad de La Plata.


sábado, 18 de abril de 2015

Efraín Huerta, "Tu corazón penumbra o barco sin latidos..."



Tu corazón penumbra 

Tu corazón penumbra
o barco sin latidos,
entre mis manos grises
o frondas angustiadas.

Tu corazón y el mundo marchan juntos.
Tienes la rebeldía en el espanto de la sangre
y la oscura tristeza en los cabellos.
Tu suave corazón, tu carne mía
(¡Oh jaula de mi voz,
prisión de mis tinieblas!)
me duele con las mismas
lentas eternidades.
Sólo escucho rumores, canciones,
multitudes, cosechas y crepúsculos.
Desconozco la ausencia
y cómo ciertos hombres
desfallecen de miedo.
Conozco el hambre, el frío
haciendo de pies mármoles,
la miseria en los gestos
de los desamparados del subsuelo,
el alcohol amarillo, corazón,
que beben trozos de hombres
en la desierta plaza
donde calumnias, iras
y verdes maldiciones
brotan como el cariño
en la piel de los ciegos.

Tu corazón penumbra
o barco sin latidos,
o cera maldecida
trabajada por tactos
angustiosos, durísimos.
Tu corazón y el mundo.
Tienes en la garganta un destello de dicha
en las manos tranquilas cicatrices
y en el hombro derecho la mordida del alba.
¿Sientes a las estrellas dominarnos
como si fueran diosas
o montañas de plata?
¿No sientes en la Tierra,
corazón de mi vida,
un negro, insultante
bochornoso cinismo
de burguesa alegría?

Pero no sabes nada.
Ni la luz, ni banderas
-corazón y bandera-
ni la fuerza ni el odio
que rebasan su cauce,
ni los ojos que lanzan
espigas de verdades,
ni la melancolía
deshecha para siempre.

Algo que se construye no lo oyes.
Tienes el corazón más sordo y necio
que un puñal aterido,
más hueco que un milagro.
¡Tu corazón,
penumbra aniquilada!

(Los hombres del alba)




Verano

¿Qué soledad, qué muerte me destinan
la quietud, la sedante, cariñoso tristeza
donde nazco y perduro?
Nada sé, nada saben, nada sabe.
Nada se sabe al fin de tanto y misterioso
ir y venir de largas pesadumbres de hielo.
Nada se sabe aún. La milagrosa
lluvia de este verano
es callada, y me duele
la cruel melancolía.

Y nada se sabrá.
Los hombres nunca saben
el por qué de la angustia,
ni cómo una magnolia
--esa bestia de mármol inocente--
y un clavel se estremecen
cuando los besos cobran
magnitudes celestes
y sabor de piedad.

Nada puede saberse, no hay remedio.
Los hombres nunca saben
cuánta dulzura y cuánto
quebradizo silencio
hay en una palabra,
cómo es bello llorar
con las lágrimas vivas
y la piel en descenso.

Por eso me pregunto sobre la soledad
y sobre la tristeza: hadas, malignas,
rosas, delicadas, sonrientes
jardines de veneno.

(Estrella en alto)



PUES SÍ

Hablando
Se
Enciende
La
Gente.

DISCRIMINACIÓN

¿Y
Por qué
Nadie
Habla
De los
Presos
         Poéticos?

(Dispersión total)


Efraín Huerta
Poesía completa - ed. Martín Soler.
Fondo de Cultura Económica, 1988.


Efraín Huerta (1914-1982), Poeta, periodista y crítico mexicano.

Es una de las figuras centrales de la literatura mexicana del siglo XX. Conocido como el "El Gran Cocodrilo" fundó junto a Octavio Paz, Rafael Solana y Neftali Beltrán la revista Taller (1938-1941). Poeta exquisito de una vitalidad expresiva magistral que no le impidió ser, también, un poeta de ruptura; utilizando técnicas neo-vanguardistas que crearon nuevos espacios en la poesía mexicana.

Leer a Efraín Huerta dice David Huerta en el prólogo de la "Poesía Completa" de Efraín, "Es sencillamente conocer un espacio expresivo sin el cual, acaso, o seguramente, México sería ininteligible,[...]pero no es menos cierto que ahí precisamente donde la poesía de Efraín es más mexicana se convierte con más intensidad en una obra universal":

Entre los muchos premios que le otorgaron, recibió las Palmas Académicas del gobierno de Francia, (1945); el Premio Xavier Villaurrutia, (1975); el Premio Nacional de Lingüística y Literatura, (1976) y el Premio Nacional de Periodismo en divulgación cultural (1978).

Obra poética: Absoluto amor, (1935); Línea del alba, (1936); Poemas de guerra y esperanza, (1943); Los hombres del alba,(1944); La rosa primitiva, (1950); Poesía, (1951); Poemas de viaje, (1953); Estrella en alto y nuevos poemas, (1956); Para gozar tu paz, (1957); ¡Mi país, oh mi país!, (1959); Elegía de la policía montada, (1959); Farsa trágica del presidente que quería una isla, (1961); La raíz amarga (1962); El Tajín, (1963); Poemas prohibidos y de amor, (1973);  Los eróticos y otros poemas, (1974); Estampida de poemínimos, (1980); Tranza poética, (1980); Estampida de Poemínimos, 1985; Dispersión total, (1986).