lunes, 25 de julio de 2016

Blanca Varela: "Un signo, un conjuro frente, contra y hacia el mundo, una piedra negra tatuada por el fuego y la sal, el tiempo, la soledad".



Palabra para un canto

“Yace aquí,
entre tumbas sin nombre,
escrito en el harapo deslumbrante,
roja estrella en el fondo del cántaro.
Por el mismo camino del árbol y la nube,
ambulando en el círculo roído por la luz y el tiempo.
¿De qué perdida claridad venimos?”.


CANTO VILLANO

y de pronto la vida
en mi plato de pobre
un magro trozo de celeste cerdo
aquí en mi plato
observarme
observarte
o matar una mosca sin malicia
aniquilar la luz
o hacerla
hacerla
como quien abre los ojos y elige
un cielo rebosante
en el plato vacío
rubens cebollas lágrimas
más rubens más cebollas
más lágrimas
tantas historias
negros indigeribles milagros
y la estrella de oriente
emparedada
y el hueso del amor
tan roído y tan duro
brillando en otro plato
este hambre propio
existe
es la gana del alma
que es el cuerpo
es la rosa de grasa
que envejece
en su cielo de carne
mea culpa ojo turbio
mea culpa negro bocado
mea culpa divina náusea
no hay otro aquí
en este plato vacío
sino yo
devorando mis ojos
y los tuyos


Juego amoroso


Las manos a la altura del aire
a dos o tres centímetros del vacío
no se mirará nada preciso
la polvareda que pasa
el inesperado cortejo de plumas
arrancadas al vuelo
la nubecilla rosada y tonta
que ya no es
el cierraojos y el ábrelos
en la breve opacidad
de una luz que no se ve
y el sueño pies de goma
y azules y brillantes
las estrellas
rientes
párpado sobre párpado
labio contra labio
piel demorada sobre otra
llagada y reluciente
hogueras
eso haremos a solas.

Blanca Varela (1926-2009)

Blanca Varela nació en Perú en 1926 y es una de las poetas mayores de la lengua castellana, de la segunda mitad del siglo pasado. Se la ha relacionado con el surrealismo y con el existencialismo de Sartre. Su poesía es visceral, ascética, despojada de adjetivos. Cada palabra cruza en nuestro intelecto como un rayo que nos traspasa, nos arroja un carbón encendido que se hace llama en nuestra alma.
Su primer libro, “Ese puerto existe” fue antologado por Octavio Paz quien dijera de ella: …“Blanca Varela es una poetisa que no se complace en sus hallazgos ni se embriaga con su canto. Con el instinto del verdadero poeta sabe callarse a tiempo. Su poesía no explica ni razona. Tampoco es una confidencia. Es un signo, un conjuro frente, contra y hacia el mundo, una piedra negra tatuada por el fuego y la sal, el tiempo, la soledad. Y, también, una exploración de la propia conciencia
Su poética es abrasiva, sin concesiones, con constantes referencias al mundo visual.

Obra: Luz del día (1963), Valses y otras falsas confesiones (1972), Canto villano (1978), Camino a Babel (1986), Ejercicios materiales (1993), El libro de barro (1993), Poesía escogida (1993) y Del orden de las cosas (1993). Bajo el título Canto villano (1986) recopiló su obra poética desde 1949 a 1983. Sus más recientes títulos son Concierto animal (1999) y la antología Donde todo termina abre las alas: poesía reunida 1949-2000 (2001) componen el resto de su obra.

En circunstancia de la entrega del Premio Sofía de Poesía Iberoamericana, Antonio Gamoneda expresó: “lo que muestra Varela es un brote existencial que se produce a través de un lenguaje impredecible. Dicho de otra manera, su poesía es muy distinta a la que en España en estos momentos es hegemónica, la que utiliza un lenguaje normalizado y realista, que no hace avanzar la tradición
Obtuvo el Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo en el año 2001, el Premio Ciudad de Granada 2006, el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca (primera mujer en obtener tal distinción) y Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2007.
Sus obras han sido traducidas al alemán, francés, inglés, italiano, portugués y ruso e innumerables estudios se han realizado sobre su obra y seguirán haciéndose, llevando la poesía de Blanca Varela al lugar de privilegio que le corresponde dentro de la literatura universal.

jueves, 2 de julio de 2015

SALOMÓN DE LA SELVA, DOS POEMAS




Prisioneros

Son gente,
de eso no cabe duda.
Gente como nosotros,
que come, que duerme, que se entume, que suda,
que odia, que ama.
Gente como toda la gente,
y sin embargo diferente.

Como le hemos arrancado
todos los botones,
caminan agarrándose
los pantalones,
y llevan el cuerpo doblegado.

Pudiera ser cansancio,
pero no es eso.
Pudiera ser vergüenza...
En fin, qué nos importa:
¡Son nuestros prisioneros!
Está prohibido darles cigarrillos.
Bien. Se los daré a escondidas.
Alguno de ellos debe haber leído
a Goethe; o será de la familia de Beethoven
o de Kant; o sabrá tocar el violoncello...



Curiosidad 

Aquí estamos nosotros
allá está el enemigo.
No nos dejamos ver
ni él se deja tampoco.
De tiempo en tiempo
nos cambiamos un tiro.
Nosotros disparamos entre rosas.
¡A ver si hace una baja!
Él también se reirá.
Nuestras carcajadas son pueriles.
Sus balas silban sobre nuestra cabezas
o levantan pajaritos de lodo
frente a nuestra trinchera.
Al disparar él debe de haber reído.
Tengo ganas de verlo.
Me siento como se sentiría
un príncipe de cuento
que ha cambiado palabra y corazón y anillo
con una princesa de otra raza
a quien jamás a visto.
Lejos de tenerle odio
como que voy queriendo a mi enemigo.


SALOMÓN DE LA SELVA
Anillo de silencio - Centroamérica en la poesía -2009
Ediciones del IMFC (Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos).
Selección y prólogo: Jorge Boccanera


Salomón de la Selva (Nicaragua, 1893-1959) Poeta, ensayista, fundador de revistas y centros de estudios; catedrático, y maestro. Considerado por muchos como el poeta nicaragüense  más trascendente después de Ruben Darío.
Jorge Boccanera en su antología "Anillo de Silencio", de la cual extraje estos poemas, señala: "Salomón de la Selva es el autor de uno de los libros esenciales de la vanguardia de los `20: El soldado desconocido". Inspirado en la experiencia del poeta como soldado durante la Primera Guerra Mundial en el cual, por primera vez, se utiliza el coloquialismo y el prosaísmo en la poesía Centroamericana.
Fue publicado en México en 1922 con ilustraciones de Diego Rivera.

Jorge Eduardo Arellano en Tres aproximaciones a Salomón de la Selva dice: "()...Un yo lírico que escribía en un contexto aplastante y urgente —cuestionador de los antiguos valores de la poesía épica: el valor, la fuerza y la inteligencia del individuo, no advertido en la reseña del mexicano Luis Urrutia y Arana que afirmaba que "El soldado desconocido como sinfonía es lo más alejado de este libro pequeño y grande de Salomón de la Selva”; quien al mismo tiempo llamó a Salomón bardo nicaragüense. Reconoce que el poeta ha escrito una obra importante, pero le reprocha la irregularidad de su forma y que los poemas carecen de un ritmo interior como el de los audaces músicos Ravel o Debussy. Y concluye: me complazco en saludar en el autor de El soldado desconocido a uno de los poetas de la América Española más originales, más fuertes y más dignos".


domingo, 26 de abril de 2015

Ana Emilia Lahitte, "El pulso arduo de la belleza herida"



El secreto

Esta carne de amor que por mi culpa
habrá de transformarse en culpa nueva,
esta irremediable sombra tierna
que habrá de madurar en desconsuelo,
es todavía mía porque tiembla
y yo tiemblo por ella. Río y tiemblo,
mientras la muerte teje sus urdimbres
de sabia soledad.

Ah, cómo necesito conocerla
mirarla sin recelo, invitarla
a tenderse a mi lado y reemplazarme
en la vigilia maternal. Querría
ponerlo entre sus brazos, obligarla
a besarles los párpados dorados,
a amantar su sueño hasta que el alba
lo invadiese poco, mansamente.

Si él ya tiene su muerte, si ha traído
bajo la piel su estrella, su constancia,
¿por qué no frecuentar a quien lo habita
con más amor que tantos que en el mundo
habrán de abandonarlo?... Esta muerte
serena de mi hijo, será quien me releve
en la tarea delicada y terrible
de salvarlo de sí mismo, tal vez.

Cuanto ahora prepara su aleluya
es pulpa inevitable, destinada
a madurar el sol y disgregarlo
en surcos enterrados, poderosos.
Yo misma soy su muerte. Yo, que he dado
voluntad a su risa y a su llanto.
Yo, que invento sus rondas y no puedo,
sin embargo, jugar con su secreto.

(Madero y transparencia, 1962)




Por favor,
quédate ahí.
Si te mueves puede regresar
el mundo


(de Insurrecciones, 2003)






Ignoro si el amor es amante o amado.

                                      Sólo sé que le adeudo bellísimos infiernos.





    las heridas son el mejor manuscrito.






Él, no tuvo noción del inmenso dolor que ampararía.

                                      Él, no supo jamás que se llamaba Dios.





Serán los niños quienes ajusticien

                                       los niños del espanto nuestra posteridad.





Cuando el ser reconoce la ardua travesía de no pertenecerse

                                         comienza el más allá.




Ana Emilia Lahitte


Ana Emilia Lahitte (1921-1993). Poeta argentina, dramaturga, ensayista. Creó y dirigió por más de 20 años uno de los primeros talleres de poesía de la Argentina. Su obra fue recogida en numerosas antologías y traducida al inglés, francés, alemán, italiano y portugués. Aún, se le deben estudios profundos a su magnífica obra.
Deslumbran esos versos cortos, que lejos de limitar los poemas los abre a un espacio nuevo que reconocemos en lo más profundo de nuestra alma, acaso en donde somos más vulnerables, allí, en "El pulso arduo de la belleza herida" como ella, mejor que nadie, nombró a sus libros  "Los abismos" y "Los dioses oscuros" publicados en 1978 y 1989, respectivamente.

En un reportaje que le hizo Pablo Montanaro, a un año de la publicación de "Insurrecciones", señaló  "es algo así como un S.O.S. hacia adentro”, libro por el cual fue distinguida por Honorarte con “La Página de Oro”, máxima distinción de la institución a un escritor por su trayectoria literaria y aporte a la Cultura y se le entregó el premio “Letras de Oro”.

Los poemas de Ana Emilia Lahitte son estocadas diamantinas a nuestra egoica sombra, hebras de luz que fulguran en la intemperie de nuestra humanidad.

Algunos de sus libros: Sueño sin eco (1947), El muro de cristal (1952), La noche y otros poemas (1959), Madero y transparencia (1962), Al sur de marzo (1969), Los abismos (1979), Los dioses oscuros (1980), El tiempo, ese desierto demasiado extendido (1993), Summa de poemas, 1947-1997 (antología, 2001), Insurrecciones (2000), El padre muere (2006) y Gironsiglos (2006).

Algunos de sus premios : Pluma de Plata del PEN Club Internacional, Centro Argentino (1980), Pluma de Oro de la Fundación Argentina para la Poesía (1982 y 2001), Primer Premio Nacional de Poesía, Región Buenos Aires (1983), Premio Konex (1994), Premio de Poesía “Esteban Etcheverría”, de Gente de Letras (1999). En 2001, la Municipalidad de La Plata la designó Ciudadana Ilustre. 


La foto pertenece a su libro:" SUMMA" de poemas 1947- 1997,  con prólogo de Horacio Castillo.
Edición Homenaje,  Municipalidad de La Plata.


sábado, 18 de abril de 2015

Efraín Huerta, "Tu corazón penumbra o barco sin latidos..."



Tu corazón penumbra 

Tu corazón penumbra
o barco sin latidos,
entre mis manos grises
o frondas angustiadas.

Tu corazón y el mundo marchan juntos.
Tienes la rebeldía en el espanto de la sangre
y la oscura tristeza en los cabellos.
Tu suave corazón, tu carne mía
(¡Oh jaula de mi voz,
prisión de mis tinieblas!)
me duele con las mismas
lentas eternidades.
Sólo escucho rumores, canciones,
multitudes, cosechas y crepúsculos.
Desconozco la ausencia
y cómo ciertos hombres
desfallecen de miedo.
Conozco el hambre, el frío
haciendo de pies mármoles,
la miseria en los gestos
de los desamparados del subsuelo,
el alcohol amarillo, corazón,
que beben trozos de hombres
en la desierta plaza
donde calumnias, iras
y verdes maldiciones
brotan como el cariño
en la piel de los ciegos.

Tu corazón penumbra
o barco sin latidos,
o cera maldecida
trabajada por tactos
angustiosos, durísimos.
Tu corazón y el mundo.
Tienes en la garganta un destello de dicha
en las manos tranquilas cicatrices
y en el hombro derecho la mordida del alba.
¿Sientes a las estrellas dominarnos
como si fueran diosas
o montañas de plata?
¿No sientes en la Tierra,
corazón de mi vida,
un negro, insultante
bochornoso cinismo
de burguesa alegría?

Pero no sabes nada.
Ni la luz, ni banderas
-corazón y bandera-
ni la fuerza ni el odio
que rebasan su cauce,
ni los ojos que lanzan
espigas de verdades,
ni la melancolía
deshecha para siempre.

Algo que se construye no lo oyes.
Tienes el corazón más sordo y necio
que un puñal aterido,
más hueco que un milagro.
¡Tu corazón,
penumbra aniquilada!

(Los hombres del alba)




Verano

¿Qué soledad, qué muerte me destinan
la quietud, la sedante, cariñoso tristeza
donde nazco y perduro?
Nada sé, nada saben, nada sabe.
Nada se sabe al fin de tanto y misterioso
ir y venir de largas pesadumbres de hielo.
Nada se sabe aún. La milagrosa
lluvia de este verano
es callada, y me duele
la cruel melancolía.

Y nada se sabrá.
Los hombres nunca saben
el por qué de la angustia,
ni cómo una magnolia
--esa bestia de mármol inocente--
y un clavel se estremecen
cuando los besos cobran
magnitudes celestes
y sabor de piedad.

Nada puede saberse, no hay remedio.
Los hombres nunca saben
cuánta dulzura y cuánto
quebradizo silencio
hay en una palabra,
cómo es bello llorar
con las lágrimas vivas
y la piel en descenso.

Por eso me pregunto sobre la soledad
y sobre la tristeza: hadas, malignas,
rosas, delicadas, sonrientes
jardines de veneno.

(Estrella en alto)



PUES SÍ

Hablando
Se
Enciende
La
Gente.

DISCRIMINACIÓN

¿Y
Por qué
Nadie
Habla
De los
Presos
         Poéticos?

(Dispersión total)


Efraín Huerta
Poesía completa - ed. Martín Soler.
Fondo de Cultura Económica, 1988.


Efraín Huerta (1914-1982), Poeta, periodista y crítico mexicano.

Es una de las figuras centrales de la literatura mexicana del siglo XX. Conocido como el "El Gran Cocodrilo" fundó junto a Octavio Paz, Rafael Solana y Neftali Beltrán la revista Taller (1938-1941). Poeta exquisito de una vitalidad expresiva magistral que no le impidió ser, también, un poeta de ruptura; utilizando técnicas neo-vanguardistas que crearon nuevos espacios en la poesía mexicana.

Leer a Efraín Huerta dice David Huerta en el prólogo de la "Poesía Completa" de Efraín, "Es sencillamente conocer un espacio expresivo sin el cual, acaso, o seguramente, México sería ininteligible,[...]pero no es menos cierto que ahí precisamente donde la poesía de Efraín es más mexicana se convierte con más intensidad en una obra universal":

Entre los muchos premios que le otorgaron, recibió las Palmas Académicas del gobierno de Francia, (1945); el Premio Xavier Villaurrutia, (1975); el Premio Nacional de Lingüística y Literatura, (1976) y el Premio Nacional de Periodismo en divulgación cultural (1978).

Obra poética: Absoluto amor, (1935); Línea del alba, (1936); Poemas de guerra y esperanza, (1943); Los hombres del alba,(1944); La rosa primitiva, (1950); Poesía, (1951); Poemas de viaje, (1953); Estrella en alto y nuevos poemas, (1956); Para gozar tu paz, (1957); ¡Mi país, oh mi país!, (1959); Elegía de la policía montada, (1959); Farsa trágica del presidente que quería una isla, (1961); La raíz amarga (1962); El Tajín, (1963); Poemas prohibidos y de amor, (1973);  Los eróticos y otros poemas, (1974); Estampida de poemínimos, (1980); Tranza poética, (1980); Estampida de Poemínimos, 1985; Dispersión total, (1986).


domingo, 18 de enero de 2015

SANTIAGO SYLVESTER Y EL PUNTO MÁS LEJANO





EL tiempo cobra peaje a todo lo que ha nacido para durar.
Peaje a la belleza, al porvenir, al odio;
peaje a ese montón de pelo atado en la nuca de la mujer,
a la mirada del hombre,
a las palabras que se dicen, al sentido:
 peaje aún sin saberlo,
 como existen caminos aunque no vamos a ninguna
parte.
Ellos se han sentado allí, mesa de por medio, con la
intención de eternidad que aturde a todo lo transitorio:
solos y a la vez acompañados,
en estado de mudanza;
condenados a buscar cómo se sale de la contradicción.
El tiempo cobrando peaje es infalible;
y yo mismo, a mi pesar, sin ser el tiempo cobro peaje:
 no soy el tiempo, pero soy el que mira.





DESPUÉS, ya veremos: por ahora
lo que conocemos del futuro es el presente.
Ese hombre afirma que nunca se irá de la ciudad;
su amigo, lo contrario: su tendencia a la huida.
Una joven, desdeñosa, se niega a perdonar.
Un hombre saca del bolsillo una entrada para el teatro.
Una muchacha, deslizada hacia la desgracia, sorbe un
café con la mirada en otra parte,
y en la mesa vecina un estudiante anticipa su porvenir.
Es fácil conocer el futuro: con sólo oír a esta gente, ya
sabemos su trama,
que no es sino una cita colectiva:
cuándo, dónde, con quién,
ese es todo el problema.





Ese hombre ha salido de la boca de un metro en erupción
y está sentado allí, apagando el humo de su ropa.

La ciudad le circula por dentro: la florista una naranja en
un charco, alguien que se aferra a un diario y siente
vértigo, un grupo chilla con una euforia dislocada;
y en todas partes, rasgos intercambiables: una cara llena
de confusiones familiares.

El olor del café es un continente invadido,
el reloj de la pared opina mudo,
el hombre cruza los brazos, recubre su impostura,
y mira a la mujer que lo acompaña.

Ella no dice nada
y apaga también el humo de su ropa:
residuos de una erupción volcánica

o, quién sabe, homenaje de la noche anterior.

Café Bretaña
Colección Visor de Poesía, Madrid, 1994.



El punto más lejano

X

Los muertos flotan cabeza
abajo en su parto a favor de la naturaleza: todos,
un solo muerto que
espera su ocasión para acoger al muerto único
que alguna vez seremos: cada uno
en diálogo continuo con el punto más lejano, que es
único
y a la vez de todos: de donde todo
viene a ser lo mismo.
Sin embargo,
cada muerto reclama su singularidad. Durante un tiempo
la reclama, obsesionado a fondo por su estado; y aquí estamos nosotros
para dársela: que ese muerto se explique, a ver
si de paso nos explica a los demás.
Dos amantes surgen de la marejada, atados
a la misma suavidad: ellos ¿quiénes
somos? ¿quiénes, él y ella,
somos en la crepitación del agua? ¿hasta dónde
hemos llegado con la desgarradura
de un amor que, por lo visto,
era eterno? Dos,
consumidos por la misma premura, y tan unidos
desbordan lo previsto
que aquí estamos recibiéndolos con sílabas, mejorando
para ellos la caligrafía,
tomando notas, removiendo los mismos materiales como si no
fuéramos todos
otra cosa que dos, haciendo
el mismo ruido.
Haciendo
ruido
saca otro muerto la cabeza: dice palabras, pero
no está pendiente de que las escuchemos: habla
como suena la tormenta, el mar
o un efecto de la naturaleza: y el juego acaba ahí,
sin moraleja. Acaba
con mostrarse,
y
en esto reside su poder: el enorme poder
de ser quien es,
sin más deberes: un irlandés que, según dicen, cruzaba unitarios de
una costa a otra con su barco, con un catalejo que yo he visto y
una manera de mirar el abra que no he visto pero
que recibo en mi casa.
¿Y adónde
quiere hacer llegar su queja
ese otro que, apareciendo en su carácter, quiere dar sentido a lo que tal vez no tiene?
¿Adónde esa mujer que, después de muerta, se pinta los labios; el que
rompe la cuerda destemplada, siendo la única que aún conserva su
guitarra;
el que mide la distancia recíproca entre silla y silla: entre esa silla
en la niebla
y por ejemplo ésta, donde me siento yo?
Lo bueno de estas cosas es que nadie interrumpa, que nadie
acorte distancia, hable
o calle antes de tiempo, perturbe con su actividad;
lo bueno, sabiendo que de esta intensidad solo podemos conocer el sitio
y el despliegue del tiempo: conocer
el instante.
Lo bueno, entonces: dejar que esta multitud de apariciones,
ajada antes de tiempo,
traiga el alivio de saber que en alguna parte está trazado el límite.
Esa mujer negra con una hoja enorme en la cabeza, ¿se protege del
sol que ya no existe para ella
o que ha cambiado de lugar?
El que habla solo en la puna, ¿busca qué compensación, jadeando
sin pulmones, sin la lengua afuera: sin tener siquiera afuera?
El tren de carga fantasmal que cruza por el sueño, inmóvil en la
mañana sucia del andén, ¿prefiere la velocidad del sueño o
la somnolencia fija del andén?
El que vive, pero poco: lo contrario
del que muere su muerte con convicción,
¿reivindica su existencia escasa
antes de desaparecer?
Entre dos
compensaciones flotan los muertos: vida
referida a la vida;
muerte, a la muerte.
Lo que ya no existe es el vínculo,
salvo nosotros que, único
vínculo a mano, aunque mal equipado,
discutimos con ellos para no ser su frontera;
y en esta discusión nos vamos entendiendo.

Santiago Sylvester 
El punto más lejano
Ediciones Ruinas Circulares, Buenos Aires, 2011.



Santiago Sylvester, reconocido poeta y narrador argentino, nacido en Salta en 1942. Es autor de dos antologías de la poesía del Noroeste Argentino. Dirige la colección Pez Naufrago, de poesía, en Ediciones del Dock, y codirige la colección Escritores Argentinos de EUDEM, Editorial de la Universidad Nacional de la Plata.

Javier Adúriz calificó su poesía como “silogismo conversado” y él suele decir “me he pasado la vida escribiendo poesía porque hay algo mío que no está donde yo estoy”.

En la poesía de Santiago Sylvester  la historia natural,  la vida,  con sus anuncios acá y allá, el paisaje urbano, la naturaleza, la muerte,  la conjetura de la angustia fluyen como las aguas de un río cristalino “… Aquella frase de María Zambrano de “las palabras se juntan en formas que hacen abrirse un espacio antes inaccesible”  en  la poesía de Santiago Sylvester  se cumple con un tinte casi filosófico no exento de esplendente ironía, “no hay morada hay / intensidad: lugar donde se siente".

Libros de poesía publicados : El aire y su camino, 1966; Esa frágil corona, 1971; Palabra intencional, 1974; La realidad provisoria, 1977; Libro de viaje, 1982; Perro de laboratorio, 1987; Entreacto, antología de la colección ICI-Quinro Centenario de Madrid, 1990; Escenarios, 1993; Café Bretaña, 1994; Antología poética, en la colección Poetas argentinos contemporáneos, del Fondo Nacional de las Artes, 1996; Número impar, 1998; El punto más lejano, 1999, 2011; Los casos particulares, 2014.

Algunos de sus premios: Internacional de Poesías Gil de Biedma por "Café Bretaña", que además mereció el Premio Nacional de Poesía, premio Sixto Pondal Ríos -de la Dirección de Cultura de Salta- y el del Fondo Nacional de las Artes en dos oportunidades.


domingo, 7 de diciembre de 2014

"Día del perdón y otros poemas" de Diana Bellessi


He construido un jardín 


He construido un jardín como quien hace
los gestos correctos en el lugar errado.
Errado, no de error, sino de lugar otro,
como hablar con el reflejo del espejo
y no con quien se mira en él.

He construido un jardín
para dialogar
allí, codo a codo con la belleza, con la siempre
muda pero activa muerte trabajando el corazón.
Deja el equipaje repetía, ahora que tu cuerpo
atisba las dos orillas, no hay nada, más
que los gestos precisos -dejarse ir- para cuidarlo
y ser, el jardín.

Atesora lo que pierdes, decía, esta muerte
hablando en perfecto y distanciado castellano.
Lo que pierdes, mientras tienes, es la sola compañía
que te allega, a la orilla lejana de la muerte,

Ahora la lengua puede desatarse para hablar.
Ella que nunca pudo el escalpelo del horror
provista de herramientas para hacer, maravilloso
de ominoso. Sólo digerible al ojo del terror
si la belleza la sostiene. Mira el agujero
ciego: los gestos precisos y amorosos sin reflejo
en el espejo frente al cual, la operatoria carece
de sentido.
Tener un jardín, es dejarse tener por él y su
eterno movimiento de partida. Flores, semillas y
plantas mueren para siempre o se renuevan. Hay
poda y hay momentos, en el ocaso dulce de una
tarde de verano, para verlo excediéndose de sí,
mientras la sombra de su caída anuncia
en el macizo fulgor de marzo, o en el dormir
sin sueño del sujeto cuando muere, mientras
la especie que lo contiene no cesa de forjarse.
El jardín exige, a su jardinera verlo morir.
Demanda su mano que recorte y modifique
la tierra desnuda, dada vuelta en los canteros
bajo la noche helada. El jardín mata
y pide ser muerto para ser jardín. Pero hacer
gestos correctos en el lugar errado,
disuelve la ecuación, descubre el páramo.
Amor reclamado en diferencia como
cielo azul oscuro contra la pena. Gota
regia de la tormenta en cuyo abrazo llegas
a la orilla más lejana. I wish you
were here, amor, pero sos, jardinera y no
jardín. Desenterraste mi corazón de tu cantero.


Día del perdón


De todas las cosas que me han pasado en esta vida
son las inocentes las que recuerdo con hondura
y más mientras los años a disparada como potros
en una estela de polvo también pasan y pasan,
pero el vicio nunca acaba de andar así ensuciando
esa claridad solita que viene por encanto
y por gualicho bruto se va de andar pensando fiero
o pensando mal de esto o de aquello y sobre todo
de la siempre linda inocencia franca para darle
a los demás y más aún de la que tienen los otros
o ganas de tenerlas de seguro como yo,
dar y recibir así de ida y vuelta y natural
si miramos bien las cosas qué fácil es perderse
en belleza inocente que no calcula porque ve
solamente hondura o ese espesor de la vida único
al hacer las cuentas donde es llamado el instante
que no nos dio cosa ninguna más que el alma entera
y sabionda de saber nada se lleva y sólo fue
ganar fue seguir en la montura sutil del viento


Muerte por hambre

Son la ocho y reflejan los celajes
el espejo en sangre que el agua enturbia

con rojas de banderas de plumajes
de las hojas de capullos y flores

del sol que muere para este día y de la noche
en ciernes de lo que nace de lo que hiede

enjuto rojo con gusto a poco de lo que falta
de los porotos de las lentejas de los tomates

de la bendita carne asada de los otros
de las encías lengua dientes y labios rojos

de la comida que no ha sido vista ni dada
a la pancita hinchada a los brazos del grosor

de un dedo a las patitas que no sostienen
y a la mirada tenue de quien se va se muere

no de viejo no de enfermo no de guerra
ni de calor ni frío ni de accidente

ni Dios siquiera de hambre sólo de hambre
puerca persiguiendo como un águila

a los pichones de torcaz y no se grazna
no se grita lo bastante no se baten

las alas y las plumas y los picos
aunque no se vaya y no se espante

el rapaz maldito que quiere más
el rumor del hambre el desmayo ausencia

de cualquier rumor en la atonía del hambre
de falta de agua de parásitos de comer

tierra por hambre por comer lo que sea
se tantea gordura propia tersura

de la indiferencia ochocientos millones
sufren hambre en el mundo, sesenta

millones de chicos mueren veinticinco
mil gentes por día  de un hambre necia

y roja como las aguas de este río
que recuerdan la sangre faltante y

derramada cuando la noche enturbia
el rojo atardecer y magos y dioses

y madres bien alimentadas el cielo
nos guarde la tierra nos perdone y are

con surcos hondos el alma en peligro
en medio de la obscena abundancia.


Diana Bellesi
Tener lo que se tiene
Poesía reunida
Adriana Hidalgo editora

Diana Bellesi (1946) Poeta argentina de altísima relevancia en el marco de la poesía latinoamericana actual. Integró la redacción de Diario de Poesía y fue una de las fundadoras de la cooperativa editorial Nusud.
Ha traducido a  poetas como Ursula K. Le Guin, Denise Levertov, Adrienne Rich y Olga Broumas. Coordinó talleres de escritura en las cárceles de Buenos Aires.

Jorge Monteleone, dice en el prólogo de su obra completa, "[...]La vasta obra de Diana Bellessi, además de su extraordinaria potencia lírica, posee un atributo poco común: antes que una metafísica implícita, conforma un sistema poético" que proviene, según mi opinión, de una forma de ser y de estar en el mundo y esa forma arde en continuo hermanaje con la naturaleza y con los que menos tienen, es por esto que en otro pasaje del prólogo, J. Monteleone nos advierte  "[...] renueva los caminos de la poesía social en lengua española, donde el lirismo puede ser leído políticamente, sin abandonar lo indescifrable de la palabra en el tiempo, el origen y la finitud: "el lustral misterio de aquello / que empieza o acaba, / por el umbral del silencio y la distancia". Asume así de nuevo una cabal ética de la poesía".

Premios: Obtuvo la beca Guggenheim en poesía,  (1993);  la Beca Trayectoria en las Artes de la Fundación Antorchas (1996); Dos veces premio konek en la disciplina Poesía: Quinquenio 1999 – 2003 / Quinquenio 2009-2013Fue declarada Ciudadana Ilustre de la Ciudad de BA en el 2010 y en 2011 recibió el premio Nacional de Poesía.

Obra poética: 
Destino y propagaciones,1970; Crucero ecuatorial, 1980; Tributo del mudo, 1982; Danzante de doble máscara, 1985; Eroica, 1988; Buena travesía, buena ventura pequeña Uli, 1991; El Jardín, 1993; Crucero Ecuatorial / Tributo del Mudo, 1994; The Twins, the Dream (with Ursula K. LeGuin), 1996; Sur, 1998; Gemelas del sueño (con U.K.Le Guin), 1998; Mate cocido, 2000: La Edad Dorada, 2003; La rebelión del Instante, 2005; Tener lo que se tiene- Poesía reunida, 2009; : La pequeña voz del mundo, 2011; Zavalla, con Z, 2012.


lunes, 27 de octubre de 2014

Dos poemas inéditos de José Watanabe



ESTE dolor, amor
que duermes en el incómodo sofá de los acompañantes,
no es tuyo. Me hace recordar la placidez
que tuviste en las orillas del Santa Eulalia.
Mi dolor me enrolla en esta cama
como un montón de nervios
                               coronado
por un cerebro que, sin embargo, sonríe
absurdamente:
es que mi dolor no hace sombra en las paredes,
no marchita las flores que me trajiste,
no es salvífico
y, oh buen Dios de los amantes, no te toca.
Es el pago que pide mi cuerpo.
Le pago feliz porque fui saludable
en las orillas de Santa Eulalia.
Tú sigues allí porque ya se sabe:
la vida son largos ríos antes de la mar,
largas piernas, largos brazos.
Nuestras largas piernas y largos brazos
vienen en el mismo cauce.
La enfermera que me inyecta el opiáceo
no sabe quien fue Santa Eulalia.





¿QUE cruz buscas
desesperado y tarde
para entregarte a una salvación incierta?
La cruz está en tu propio cuerpo
cuando abres los brazos.
Fue hecha
siguiendo la forma del hombre
para asesinarlo.
¡Qué bien cupo Cristo en su cruz!
¡Qué bien caben todos en su cruz!
desde ella clamamos
y ella empieza a entrar
en nuestro cuerpo
hasta que lo subsume
para darnos paz
y solo quedan en el horizonte
esos maderos cruzados,
ese símbolo donde estamos todos
a punto de volar.




El vado

Si vas por la playa donde se vadea el río
verás,
plantadas en el limo,
                 largas varas de eucalipto. Están allí
para los caminantes que van a la otra ribera.
                                   Una será tu cayado:
con ella tantearás, sin riesgo, un camino
entre las aguas turbias
                      y las piedras de resbaloso musgo.

Cuida de dejar hundida la vara
               con gratitud
en la otra orilla: otro viene:
acaso mi padre
que en las tierras amarillas busca sandías silvestres,
                   acaso yo
que regreso, retrasado y viejo,
                   mirando ansioso mi pueblo que tras el río
ondula o se difumina en el vaho solar.
                                                     Allí,
según costumbre, sembraron mi ombligo
entre la juntura de dos adobes
para que yo tuviera patria.

Deja el cayado clavado en el limo.



José Watanabe (1945-2007)
POESÍA COMPLETA
ED. PRE-TEXTOS

José Watanabe, poeta peruano (1946-2007)

En ocasión de su temprana y lamentable muerte Enrique Planas dijo de él: "...El mestizaje de José Watanabe enriqueció de forma única las letras castellanas. Hijo de padre japonés y madre serrana José Watanabe es uno de los poetas más representativos de su generación. Su poesía tiene detalles de la vida familiar, árboles, animales, piedras, objetos que se humanizan para revelarnos con precisión de cirujano " la fugaz y delicada acción del ojo" que hace de cada mirada un reverbero de sentido y belleza.



 Obra poética: Álbum de familia, recibió el premio Poeta joven del Perú; El huso de la palabra (Lima 1989) lo consagró como uno de los poetas más importantes de la poesía peruana contemporánea; Historia natural (1994); Cosas del cuerpo (1999); Antígona (2000, versión libre de la tragedia de Sófocles);"El guardián del hielo" (2000), fue galardonado con el premio Lezama Lima de Casa de las Américas; Habitó entre nosotros (2002); La piedra alada (2005); Banderas detrás de la niebla (2006).